martes, 21 de julio de 2015

La vida es un cúmulo de elecciones

Y de nuevo aquí, frente a la pantalla en blanco, me doy cuenta de cómo los lunes se suceden, uno tras otro, sin piedad ni interés por nada.
A pesar de todo yo los disfruto. Disfruto de mis rutinas, de mis ratitos de libertad... Porque la rutina me ofrece ese momento de no pensar, ese momento autómata en el que de pronto la mente se libera y se deja llevar.

Y aunque no soy mujer de rutinas, y aunque soy un desastre con mis obligaciones diarias.... al final no puedo evitar morir aquí cada lunes (o martes...). Porque no hacerlo significaría... no lo sé muy bien. En parte abandono, en parte soledad. Y en parte sería asumir que no tengo nada que decir, y eso aunque ya lo sabemos tú y yo, me niego a confirmarlo. Al menos aún no.

Hace ya tiempo que asumí que la vida es un cúmulo de elecciones que nos llevan hasta el lugar dónde estamos. Elecciones simples, como qué vestido ponernos, dónde ir a cenar, o si salir una noche. Pero no tan simples cuando un sólo cambio en la cadena varía tanto las consecuencias.
Pero no es tan sencillo. Es decir, cada día, cada acción, es en sí misma una elección. Nadie te saca de la cama a empellones para ir a trabajar. Sí, es cierto que trabajar es necesario, que necesitas el dinero. ¡Te despedirían si no fueras! Ya, ya, pero es tu elección. Y coincido con ella (aunque también podría no hacerlo, todo depende).
A lo que voy. Que en un momento dado decidamos ir a trabajar, no evita el hecho de que alguien puede despedirte. Es decir, que tu elección se ve irremediablemente influida por factores externos, algunos de los cuales ni tan siquiera se verán afectados por nada de lo que tú hagas. (Ya lo sé, ya lo sé... hoy digo obviedades). 
Pues bien, yo voy más allá.

No sólo la actitud que tengas ante la vida puede variar las cosas, sino que las cosas que hagas a pequeña escala, pueden repercutir a gran escala. A veces la acción más simple puede ser justo aquello que nos condicione años después a la hora de dar un gran cambio, del tipo que sea.
A veces algo tan simple como apuntarte a un foro, o escribir un mail, pueden convertirse en un baile de circunstancias que te lleven a poner tu vida del revés. O quizá a quitarte aquella máscara que daba a tu vida un fingido aire de normalidad. Quizá te lleven simplemente a vivir a tu manera en lugar de a la manera de otros.

Sólo es un ejemplo. Un ejemplo de martes, y he de reconocer que se me dan mejor los lunes ;)

miércoles, 15 de julio de 2015

Me encontré a mi misma en la carretera

Hace varios días que tengo pensada la idea que voy a escribir hoy. En realidad fue la idea de los lunes, y siendo miércoles tal vez haya perdido algo de sentido, es algo que suele ocurrirme.
Cuando más ideas me surgen es al volante, con la música de fondo, el aire acondicionado puesto y esos.... diez, quince minutos en que simplemente no hay nada más que el instinto, porque al fin y al cabo conducir es instinto.

Pero a lo que vamos, se me ocurrió de pronto mientras el cuentakilómetros marcaba los 100/h.
Tengo la mala costumbre de escanear el asfalto con la mirada por si veo animalillos atropellados para santiguarme y bueno, pedir por ellos. Cuidadito con esto, que el otro día se me cruzó una paloma y no quedó otra que atropellarla, aquello parecía una guerra de almohadas en plena autovía. Aunque eso fue otro día.
Allí andaba yo conduciendo, y últimamente no me vienen ideas lujuriosas a la cabeza, como la última vez que casi me comí una rotonda. Ahora ando en mi versión mística y filosófica. Claro, que como cualquier mujer pues soy un compendio de emociones encontradas. Y eso sin la menstruación de por medio, así que hazte una idea.

Bien, ya estás en situación. Tenía una amiga que se ponía de los nervios cuando hacía esto. Ella preguntaba "¿sabes dónde está tal sitio?" y yo contestaba "¿conoces tal sitio?", "¡sí!", "pues no es ahí, pero si lo dejas a tu espalda y giras a tu derecha..." y así hasta llegar. Nunca entendí sus mosqueos.

La cuestión es que de pronto me encontré a mí misma en la carretera. Y pensé que yo soy una gatita persa. Sí, sí, ya sé que esto no te lo veías venir. Pero es que todo cuadra.
Lo pormenorizo:

-Hay gente que tiene alergia a los gatos, y aunque no estén presentes el pelo de gato los pone fatal.

-Los gatos eligen con quien quieren estar. A ver si te crees que tú has elegido al gato, chaval.

-Son independientes. Aunque no por ello solitarios.



Y, aunque no lo he dicho, son preciosos. Yo es que me veo más como una pantera negra, con los ojos dorados, tal vez un guepardo.... pero tengo la impresión de que me quedo en gatita de angora. Que oye, felino es.


viernes, 10 de julio de 2015

Cosas que marcan la diferencia

Hace algún tiempo descubrí que nunca he estado enamorada. No sé lo que es estar enamorada. He querido mucho y me he entregado sin pedir nada a cambio. Pero no era amor. 
Tal vez sea que no estoy capacitada para hacerlo. Quizá el creer en el ser humano por defecto me incapacite para amar a un ser humano en concreto.

Últimamente se me echa encima la vida sin preguntar si puedo con ello. Y puedo, qué remedio. Pero es cierto que pasa factura.
Algunos días llego a casa y ni siquiera soy capaz de comer. Sólo me tumbo en la cama y me quedo dormida hasta que un par de horas después el hambre me despierta. Y no tengo a nadie con quien quedar, a nadie que haya recorrido conmigo un lapso de mi tiempo pasado. Pero sé dónde no quiero acabar, así que tiro de arrestos y me saco un plan de la manga porque para seguir vivo no sólo basta respirar.

Pero... a veces hay cosas que marcan la diferencia. Y eso es lo único que importa.

miércoles, 1 de julio de 2015

Y sigo viva

Las emociones se han metido en una caja
La luz del sol se me ha tornado luna nueva
Y la esperanza me ha dolido en lo más hondo

Y sigo viva.

Aunque a veces lo dudo, aunque a veces...

...a veces me descubro entre la bruma
y el dolor que me invade se atenúa.


Sí, lo sé. Peco de dramática. Pero a veces duele más de lo que debiera ser fiel a uno mismo.
Y tampoco pretendo más que expresarme.
Sólo... llevo mal el estres.